En 2017 dirigía una agencia de marketing digital en Madrid. Ochenta clientes activos, cuarenta y dos personas en el equipo, oficina en Chamberí. Cuando alguien me preguntaba cómo iba, siempre decía lo mismo: "creciendo". Era cierto. También era la peor manera de describirlo.
Un lunes de noviembre perdimos tres clientes en una semana. Ninguno por mal trabajo; los tres por el mismo motivo. Me escribieron, casi con el mismo tono: "sentimos que ya no os conocemos". Era verdad. Yo no los conocía a ellos. Hacía meses que no hablábamos.
Ese mismo mes empecé a entender que el problema no eran aquellos tres clientes. El problema era el modelo.
La aritmética que nadie te cuenta.
Una agencia de tamaño medio funciona así. Tienes un sénior — alguien con diez o quince años de experiencia, que sabe leer una cuenta de Google Ads en treinta segundos y ver dónde se está quemando el presupuesto. Esta persona cuesta entre setenta y ciento veinte mil euros al año.
Por cada sénior, la agencia contrata dos o tres juniors. Cuestan veinte o veinticinco mil euros. Son los que hacen el día a día: actualizan campañas, escriben informes, contestan emails del cliente. El sénior supervisa.
Sobre el papel tiene sentido. En la realidad pasa esto:
- Cincuenta clientes por equipo de tres personas.
- El sénior tiene cuatro horas al día disponibles para repartir entre cincuenta cuentas.
- Salen 4,8 minutos por cliente y día. No te lo estoy exagerando.
- El junior tiene cinco o seis cuentas asignadas. Tú eres una de ellas.
Si haces los números, descubres que el sénior con quien crees que trabajas literalmente no tiene tiempo de mirar tu cuenta. Mira informes semanales. Aprueba cambios estratégicos. Aparece en la reunión trimestral. Pero el día a día lo lleva alguien con dos años de experiencia — y tú eres una de seis cuentas.
El modelo de agencia no es malo por accidente. Es malo por diseño: solo funciona si diluyes el trabajo sénior entre muchos clientes pequeños.
Por qué las pymes pagan este precio.
La asimetría de información es brutal. Cuando una pyme contrata una agencia, recibe una presentación con logos de marcas conocidas, un Slack compartido y un dashboard con gráficos bonitos. Lo que no ve es cuántas horas sénior reales dedicarán a su caso.
Mientras la agencia tiene márgenes del 40-50%, la pyme tiene la sensación de que paga cara una "experiencia profesional" que en realidad le está dando un becario con supervisión esporádica. Y cuando el resultado no llega, la culpa siempre es del mercado, del producto, del contexto. Nunca del modelo.
Qué cambia cuando tienes seis.
Cuando abrí Petit Roig me puse un límite estricto: máximo seis proyectos activos. No es arbitrario. Es el número que me permite hacer estas tres cosas sin hacer mal ninguna:
1. Mirar tu cuenta cada semana, de verdad.
No "echar un vistazo" — entrar en Google Ads, leer los informes de búsqueda de la semana, ver dónde se está desviando la inversión, identificar las tres palancas que usaría si fuera mi propio negocio. Eso son dos horas por cliente a la semana. Por seis clientes son doce horas. Cabe. El resto del tiempo es para estrategia, ejecutar cambios profundos, hablar contigo.
2. Saberme tu negocio de memoria.
Conocer tu margen por producto, qué clientes son rentables y cuáles no, cuándo tuviste el peor mes del año pasado y por qué. Eso no se puede hacer si tienes cincuenta clientes. Es el motivo por el que los consejos genéricos de marketing fallan tan a menudo: sin contexto, cualquier recomendación es un tiro a ciegas.
3. Estar disponible cuando importa.
Si tienes una campaña nueva que lanzas el lunes y pasa algo raro el miércoles a las nueve de la noche, me puedes llamar a mí. No a un account manager que hará un ticket para escalarlo al sénior mañana por la mañana. A mí. Esa es una promesa que ninguna agencia de cincuenta clientes puede hacer honestamente.
El oficio es volver a ser pequeño.
Construimos una industria que premia escalar. Más empleados, más clientes, más oficinas, más revenue. Cada año la pregunta en LinkedIn es la misma: "¿cuánto has crecido?". Nunca "¿cuánto has profundizado?".
A mí me costó ocho años entender que crecer no era la respuesta. Que el resultado para el cliente — el que paga la factura — era mejor cuando yo trabajaba con diez clientes que con ochenta. Y que mi propio trabajo también me hacía más feliz.
Petit Roig es un experimento de volver al tamaño correcto. Seis clientes al año, no más. Si eso significa que el año que viene no puedo cogerte porque ya estamos completos, te derivaré a alguien de confianza. Si significa que el precio por hora es más alto — sí, lo es. Pero cada euro que pagas me llega a mí directamente, no se pierde en estructura.
Cómo saber si encajas.
No es para todo el mundo. Si tienes un presupuesto de veinte mil euros al año total en marketing, no tengo sentido para ti — la diferencia entre lo que cobraría yo y lo que cuesta una agencia pequeña no compensa. Ahí te recomiendo que trabajes con un freelance directo o, si estás empezando, que reserves un diagnóstico de 90 minutos y hagas tú los cambios.
Petit Roig tiene sentido si:
- Facturas más de 200-300K€ al año y el marketing pesa una parte importante del crecimiento.
- Has tenido agencia antes y te ha quedado la sensación de que no ha valido la pena.
- Estás dispuesto a pagar más por persona a cambio de que esa persona realmente te conozca.
- Quieres pensar a 12-24 meses vista, no solo optimizar el ROI de la semana.
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